Ante el impulso y los instintos, la razón


Zócalo de la Ciudad de México

Vivir en una ciudad tan compleja y caótica como ésta, puede resultar interesante si pensamos en ella como un lugar llena de contrastes, con formas y paisajes sumamente diferentes en cada esquina; una ciudad habitada por innumerables historias que sólo aguardan a ser descubiertas y propagadas de voz en voz. Pero la ciudad también podría ser tan trivial si sólo vemos en ésta un lugar donde todo y nada puede suceder, es decir, donde la cotidianidad del ir y venir de los ciudadanos se convierte en una sola marea que todo lo absorbe, lo devora, lo ve y lo vuelve parte de su entorno sin siquiera discutir su procedencia, su razón de ser, su causa y su efecto; sin que la marea sea conciente de ello.

A partir de esta primera idea, vale la pena situarnos en alguno de los tres puntos posibles: etiquetar y darle un valor a las cosas según como nos las presentan (bueno, malo, bonito, feo); continuar ensimismados en nuestros pensamientos sin dar importancia a lo que nos rodea; o elegir, no un punto medio, sino un estado de conciencia que vaya más allá de maniqueísmos y dicotomías, en donde las ideas estén sobre los prejuicios, tocando y aprehendiendo todo lo que hay a nuestro alrededor, observando fragmento a fragmento todo aquello que suponemos es la realidad.

El ejercicio ha resultado un tanto complejo pero no imposible. Situarnos el algún punto de los antes mencionados representa, en primer lugar, comenzar a vernos a nosotros mismos a través de una lente que narra nuestros pasos y palabras ya no desde primera persona, sino desde algo que es superior a nosotros. Vamos, se trata de poder cuestionarnos a nosotros mismos el porqué de nuestras acciones justo un instante antes de proceder de la manera que lo vamos a hacer –“¿es esto lo que debo de hacer?”– sin que el instinto y el impulso se anteponga a la razón. Si este orden fuera el que motivara a cada persona, quizás este sería un mundo diferente, o tal vez no. “Pienso, luego existo”, esa es la cuestión para René Descartes.

A cada paso, el objetivo de la cámara debe dejar de ser limitado y dar paso a un gran angular que podría dar la impresión de mostrar un panorama mucho más amplio de lo que estamos observando. Eso es lo hermoso de la fotografía, en donde un espacio aparentemente limitado tiene el poder de desfragmentar pedazo a pedazo todo lo aparente para develar lo que mucho desconocíamos hasta entonces. Muchas veces la experiencia es dura, pero son éstas las que finalmente nos ayudan a poner los pies en la tierra y con las que dejamos de cometer dos veces el mismo error.

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1 Response to “Ante el impulso y los instintos, la razón”


  1. 1 rakeltc julio 8, 2007 en 9:16 pm

    Bravo, es el blog que me ha parecido más interesante -de los que están aquí, que imagino son todos de la maestría- , no sólo por el contenido, sino por la arquitectura de la página y la actualización. Realmente comenzaría mi día con tu blog.
    Me ha dejado un buen sabor de boca terminar el día con tu blog. En 1999 una soberana pelutuda decía que el ágora cibernética “representa uno de los avances más significativos de la humanidad, pues transforma los viejos paradigmas de comunicación e información, rebasa a los medios electrónicos masivos incorporándolos a la Red, y ofreciendo servicios multimedia de interacción, base en la comunicación actual, además, de ofrecer el acceso a los datos que constituyen la información de los miembros del ciberespacio”. Esta tonta no pensaba en los blogs porque lo que en esa época cuindia por la red eran los BBS. En fin, a casi 10 años de distancia de eso que se publicaba en el 99 nadie, o muy pocos pódrían imaginar a donde iba la Red, los más románticos pensabamos que se conformaria una gran red de saberes y conocimientos, la verdad es que eso no pasó, y son cada vez menos los sitios donde uno navega feliz. Cada vez hay menos páginas de novatos y cunden los diarios personales que pocas, poquísimas veces son buenos.
    Es bueno saber que aquella soberana pelotuda dedicada antaño a la academia, que gozara de algún prestijio y comiera teorizando sobre la red algo de razón tenía.
    Felicidades por tu blog.


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